La Verdadera Pelea De Los Cristianos En Este Tiempo

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- Publicado: Lunes, 17 Marzo 2025 04:41
Pablo el apóstol nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra malicias espirituales en los aires” (Efe. 6:12).
Esto es algo de importancia capital de lo cual necesitamos estar bien conscientes todos aquellos creyentes en Cristo el Señor que hemos propuesto ser fieles a nuestro Dios hasta llegar al fin. Cualquiera que está peleando con un enemigo que no conoce, de seguro que va a perder la pelea y eso es precisamente lo que les ha estado pasando a miles de cristianos que ciertamente han conocido al Señor, pero que en una forma u otra han sido impedidos para no conocer a su enemigo a quien la Biblia llama “el dios de este siglo” y que, por lo consiguiente es poderoso y el desestimarlo o ignorarlo puede ser mortal para el cristiano.
Así como Dios es Espíritu y obra en los sentimientos y en el razonamiento para cambiar la vida del humano pecador y hacerlo Su hijo para que viva una vida de santidad agradable a su Creador, también el enemigo es un espíritu poderoso y tiene facultad para trabajar en la mente y en los sentimientos del humano (no solamente del inconverso sino también del cristiano) y trastornar todo lo bueno que pueda haber en la vida del hombre y de la mujer, inclusive la obra que Dios haya hecho en el corazón.
En los tiempos y en los lugares en donde el Señor le ha permitido al enemigo hacerle daño físico a los hijos de Dios se ha ensañado martirizando sus cuerpos en el dolor y en suplicio hasta llevarlos a la misma muerte. Pero cuando está privado de esa oportunidad (como sucede en estos lugares de la tierra en donde nosotros vivimos), entonces sus fuerzas malignas se concentran en parte haciendo daño por medio de enfermedades, pero más particularmente se ensaña trastornando y enfermando las mentes y los sentimientos de los cristianos, en múltiples maneras.
Para el mundo incrédulo el enemigo de Dios y de nuestras almas es solamente un ser imaginario que según la ciencia y la filosofía, existe solamente en las mentes de los ignorantes y de los incautos. Pero no termina allí este engaño sutil del maligno, sino que también para una gran parte del mundo, el diablo es solamente un personaje chistoso con cola y cuernos y una orquilla en la mano que sirve para asustar a los niños y a los tontos. Inclusive son millares los ministros que predican a Cristo, pero ignoran y aun niegan la realidad y las operaciones de este espíritu poderoso, creyendo y enseñando que todo aquel que cree en el Señor Jesucristo, que ha invocado aun Su Nombre en el bautismo y que ya ha recibido el don del Espíritu Santo está inmune a los ataques y las asechanzas del príncipe de las tinieblas y de sus demonios, siendo esto un engaño letal.
Ya dije al principio que es una derrota segura el pelear con un enemigo que uno no conoce, y nuestro enemigo sabe bien que la estrategia que más buen resultado le ha dado en el transcurso de ya casi seis milenios en que ha engañado a los humanos, es decir, que él no existe, que es una imaginación solamente, o que si existe, es solo una broma su existencia. El razonamiento común que ha puesto en las mentes de las multitudes (inclusive en las de muchos cristianos) es que quien hace el mal lo hace solo de su propia iniciativa y que todos los desvíos y las malas acciones son decisiones propias de la persona y que ninguna influencia exterior tiene que ver en sus determinaciones. Este engaño es de proporciones universales y solamente Dios puede despertar al hombre y a la mujer a la verdad infernal y desagradable de la presencia y realidad del “dios de este siglo” quien ha “cegado y entenebrecido los entendimientos de los incrédulos para que no les resplandezca la lumbre del evangelio” y cuantos miles y millones caminan viviendo y haciendo muchas cosas que no quisieran vivir ni hacer y no pueden ni saben librarse por la sencilla razón de que no se dan cuenta quién es el que los mueve y controla sus impulsos y acciones y aun su misma vida.
Los cristianos a quienes Dios ha permitido que pasemos por experiencias no solamente desagradables sino también extrañas y aun horribles, habiendo visto o sentido en una forma o en otra en una y otra vez, las operaciones y ataques abiertos y descarados de nuestro enemigo, por ello debemos de darle gracias a Dios, pues ha sido una experiencia nada deseable. En cambio cuando aquello ha pasado y ha quedado atrás el conocimiento adquirido en ello, se nos ha tornado en un arma poderosa para pelear “la buena batalla”, pues no solamente hemos podido conocer “personalmente” (podemos decir) a nuestro enemigo y sus ejércitos del averno, sino también hemos aprendido en el mismo terreno de la batalla, no nomás a cuidarnos y a defendernos, mas también a atacarlo con efectividad, sabiendo cuales son las armas que más daño y efecto le hacen. Para beneficio de alguno, doy razón que en una de tantas veces que el enemigo se ha dirigido conmigo en palabras, mi Dios me lo entregó para que me dijera qué es a lo que él le teme: “yo los odio a todos ustedes” me dijo, “pero le tengo miedo a un hombre QUE TIENE AMOR Y HACE JUSTICIA”, terminó diciéndome.
Entonces mis amados hermanos y compañeros de lucha que entienden y están de acuerdo con lo que aquí se escribe, revistámonos de las armas con que podemos no solamente pelear y vencer nosotros, sino también ayudar y rescatar a otros que necesitan y piden nuestra ayuda, teniendo en nuestro conocimiento el entendimiento de que nuestro enemigo no le teme a las lenguas angélicas ni a los dones y operaciones de milagros, ni al que el cristiano sepa mucha Biblia, salte, brinque, corra mucho o que sea muy esforzado, sino que en su vida y en sus acciones diarias esté el verdadero amor y la justicia, que es el mismo Señor Jesucristo en la vida y en el ser del fiel creyente. Ahora, nunca pensemos que “ya la tenemos hecha”, puesto que precisamente si a algunos se va a esforzar por arruinar y destruir, es a los hijos de Dios que entendemos lo aquí dicho y para ello ha usado y va a seguir usando en varias formas de ataque ya descritos.
Otra de las formas más comunes de trastornar, es metiendo malas voluntades en unos y otros, quitando así la armonía y la comunión entre los hijos de Dios, obrando en forma tan sutil, que hace que aun el cristiano que entiende que eso no está bien, piensa que tiene y suficientes razones y justicias para que no se libre y siga viviendo así. Esta y otras actitudes similares, obran ciertamente los cristianos que consciente o inconscientemente han sido ya tomados por el espíritu del orgullo y de la arrogancia, que han sido siempre las armas más poderosas del enemigo para arruinar al humano y destruir al cristiano. Consideremos ahora cómo opera en los creyentes humildes y fieles: desánimo, agobiando, debilitando y haciéndolos sentir como derrotados.
Es desesperante mirar cómo es posible que cristianos fieles y sinceros sean convencidos tan fácilmente por el enemigo para sentirse como que ya Dios los desamparó y abandonó o para sentirse tan culpables de juicio y ser usada su humillación para que el enemigo los condene delante de Dios, siendo mentira. Una de las operaciones muy comunes del malo es, hacer sentir en la vida del hijo de Dios una resequedad espiritual, la que a su tiempo luego usa para hacerlo que piense ya que Dios lo desamparó porque ya no siente nada, siendo esto una mentira muy descarada, puesto que no nos ha llamado Dios para que caminemos por lo que sentimos, sino por lo que sabemos y entendemos de Su Palabra.
Otra trampa común en que seguido caen muchos cristianos es, en ser cegados para no ver las cosas favorables, los triunfos y las bendiciones recibidas de Dios. Empezando con la más grande de todas que es ser herederos de la vida eterna y en cambio miran solamente pérdidas y derrotas y todas las cosas que no tiene o que a pedido y no ha recibido y así derrotado sin razón, camina privado de su libertad sintiendo que su cruz es tan pesada que ya ni la puede llevar y más que todo, impedido por el malo para cumplir y hacer las cosas, trabajos y obligaciones que su Señor le ha encomendado. ¡¡CUIDADO CON EL ENGAÑO HERMANO!!
Pastor Efraim Valverde Sr.
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